jueves, noviembre 12, 2009

Ver (y sus conjugaciones en todos sus tiempos posibles)

He visto como pasan los días por mis ojos, he visto pasar mañanas y oscurecer tardes, con una misma velocidad controlada, exacta, perfecta.
He observado como mis pensamientos al despertar, suelen ser los mismos y al anochecer, comienzan tras mis ojos a pasar una y otra vez las mismas películas ya vistas.
He sentido como mi pecho se comprime con cada recuerdo, una y otra vez, una y otra vez, haciéndose en cada momento más difuso el sentir, menos palpable, más etéreo.
He visto como mi cara ha cambiado de color y llagas se han posado en ella, oscureciéndose mis ojos, encurvándose mis párpados.
He observado como la gente me habla y yo le hablo a ella, casi en un mismo idioma, casi comprendiéndonos, ambos en un mal español.
He sentido como mis pensamientos más concretos se han vuelto cada vez más abstractos, casi sin definición, sin molde al cual ajustarlos, impalpables, defíciles de acomodar, cargados de sensaciones sin un nombre común.
He sentido como estos pensamientos me abruman, se aglomeran sin reducir su caudal, emergiendo, nublándome la vista o dejando mis ojitos abiertos de par en par, sorprendidos.
Me he visto palidecer, adelgazar, callar, desaparecer...volverme i*n*v*i*s*i*b*l*e, no se si a los ojos de todos o a los míos, propios.
Invisible he andado por las calles, con anhelos insatisfechos, persiguiendo ideas, queriendo capturar en una imagen perdurable, ese instante fugaz que sólo los ojos pueden fotografiar, en donde se puede palpar la felicidad, acariciar su sutileza y fragilidad.
He sentido labios ebrios besar los mios, más ebrios aún, he sentido como lenguas moradas se posan en mi lengua, danzando al son de una vieja canción de rock and roll.
Me he observado mientras aparto hombres de mi abrazo, esquivando contactos, evitando ese amor sucio y barato de las noches de juergas y labios embriagados.
Me he visto cambiar, mudar mis viejas escamas y llenarme de diversos colores, brillantes y opacos.
He visto como pasan estos días con lluvias y soles. Como cada noche el frio vuelve a ser el mismo y yo sigo sin abrigos seguros que me protejan de él.
He visto, he sentido, he deseado, he escuchado, todo este tiempo, todo este tiempo, sintiéndome invisible y sin fuerzas para romper el vidrio que me separa de todo.
He visto....

DESPEDIDA - Jorge Tellier

Me despido de mi mano
que pudo mostrar el rayo
o la quietud de las piedras
bajo las nieves de antaño.

Para que vuelvan a ser bosques y arenas
me despido del papel blanco y de la tinta azul
de donde surgían los ríos perezosos,
cerdos en las calles, molinos vacíos.

Me despido de los amigos
en quienes más he confiado:
los conejos y las polillas,
las nubes harapientas del verano,
mi sombra que solía hablarme en voz baja.

Me despido de las virtudes y de las gracias del planeta:
los fracasados, las cajas de música,
los murciélagos que al atardecer se deshojan
de los bosques de casas de madera.

Me despido de los amigos silenciosos
a los que sólo les importa saber
dónde se puede beber algo de vino
y para los cuales todos los días
no son sino un pretexto
para entonar canciones pasadas de moda.

Me despido de una muchacha
que sin preguntarme si la amaba o no la amaba
caminó conmigo y se acostó conmigo
cualquiera tarde de esas en que las calles se llenan
de humaredas de hojas quemándose en las acequias.

Me despido de una muchacha
cuyo rostro suelo ver en sueños
iluminado por la triste mirada
de trenes que parten bajo la lluvia.

Me despido de la memoria
y me despido de la nostalgia
–la sal y el agua
de mis días sin objeto—

y me despido de estos poemas:
palabras, palabras –un poco de aire
movido por los labios— palabras
para ocultar quizás lo único verdadero:
que respiramos y dejamos de respirar.