
El mundo se me empezó a morir como un niño en la noche,
y yo mismo era un niño con mis años a cuestas por las calles, un ángel ciego, terrestre, oscuro,
con mi pecado adentro,
con tu belleza cruel,
y la justicia sacándome los ojos por haberte mirado.
(La Loba, Gonzalo Rojas, fragmento)